Este domingo se celebra en Elche la tradicional romería de San Antón. Con la mayor de las ilusiones, vecinos del barrio y del resto de la ciudad acudirán a compartir convivencia y actos en torno a la Ermita y a lo que queda de un barrio histórico, fracturado y abandonado. Un barrio que, por una extraña combinación de intereses, se ha querido hacer desaparecer, y que ahora se presenta como modelo de regeneración urbana, cuando en realidad es el ejemplo más evidente de fracaso institucional.
Bajo la pólvora, el incienso y las fiestas patronales, el barrio más castigado por el abandono institucional vive una de sus mayores fracturas sociales: el derribo del Bloque 8, el desalojo de decenas de familias, y el incumplimiento reiterado del plan urbanístico prometido hace más de una década.
Las imágenes de la romería entre cánticos, caballos y devoción contrastan con las puertas tapiadas, los enseres sin recoger, y vecinos desplazados que no han sido ni escuchados ni reubicados dignamente. Las calles que una vez celebraban unidas hoy están partidas: entre quienes ya viven en los nuevos bloques, y quienes esperan —sin garantías, sin fechas y sin explicaciones— que se cumpla con ellos lo que se prometió para todos.
Una fiesta en medio del silencio
Este domingo se repartirán bendiciones, pero no soluciones. El Ayuntamiento ha aprobado esta misma semana el encargo de demolición del Bloque 8, y la construcción de un nuevo edificio con 45 viviendas. Según el alcalde, se dará prioridad a los afectados. Pero no existe compromiso por escrito, ni orden de realojo colectivo, ni garantías habitacionales para todos los vecinos. Y ese nuevo bloque apenas contempla una veintena de viviendas disponibles para el resto de familias afectadas. Los inquilinos que existían lo perdieron todo, con lo puesto y poco más, en la calle, pululando entre provisionalidades. La realidad es que no se ofrece cobertura para la gran mayoría de las más de 700 viviendas aún pendientes de realojar, muchas de ellas que ya estaban en orden de prelación para esas 45 nuevas.
Para más inri, parece que la parte estatal que debía financiar estas viviendas ha desaparecido, y el Ayuntamiento asume el coste mientras ni siquiera cumple su obligación de mantenimiento legal de los bloques.
Promesas para unos, olvido para otros
Los vecinos del Bloque 8 intervinieron en el último pleno municipal, entregando más de 1.200 firmas para exigir algo tan básico como poder recuperar sus enseres. La respuesta del alcalde fue desviar la atención, comparando su situación con la de otros barrios ajenos al Plan de Reforma Interior (PRI). Una comparación fuera de lugar. Todos los bloques de San Antón están afectados por el PRI, y la obligación de mantenimiento recaía y recae legalmente en el Ayuntamiento, el cual aún no ha movido un dedo para revisar y actuar técnicamente en el resto de edificios. Después volverá a desplazar la culpa a los propios vecinos, desinformados y abandonados.
Mientras tanto, se mantiene una narrativa institucional que divide: una parte del barrio se presenta como ejemplo de éxito, mientras la otra —la más vulnerable— es ignorada o silenciada.
Entre el fervor y el abandono
Durante décadas, la romería de San Antón fue símbolo de unidad y vecindad. Hoy, muchos la viven con dolor, sabiendo que buena parte del barrio ha sido deshabitada a la fuerza. La regeneración prometida se ha convertido en un proceso de sustitución social y económica, donde algunos han accedido a viviendas nuevas, mientras muchos otros han tenido que malvender sus pisos o marcharse sin apoyo alguno.
Vecinos mayores permanecen en pisos altos sin ascensor, necesitados de asistencia constante, mientras se incumplen los compromisos asumidos públicamente de realojo y rehabilitación integral del barrio. En más de diez años sólo se ha construido una fase, agotando plazos y financiaciones sin una planificación clara.
Manipulación, desinformación y abandono
El Ayuntamiento ha incumplido reiteradamente las condiciones del proyecto:
- No ha realizado el mantenimiento comprometido.
- No ha creado la oficina ARRU obligatoria.
- No ha informado de las ayudas disponibles.
- No ha asegurado realojos colectivos.
- Y ha manipulado el decreto de ruina del Bloque 8, sin asumir su responsabilidad en los daños provocados por su dejación de funciones.
Peor aún: ha desplazado la culpa hacia los propios vecinos, fomentando la desinformación, mientras las asociaciones vecinales más críticas han sido apartadas del proceso. Las que se mantienen activas actualmente son apoyadas por los intereses entrelazados de los administradores, de la promotora pública y del propio Ayuntamiento, en perjuicio de la mayoría de los vecinos que sufre la realidad del abandono y la espera interminable.
La oportunidad perdida… ¿y la última?
Gracias a que los vecinos del barrio Porfirio Pascual rechazaron una propuesta similar a la de San Antón y exigieron acogerse a los fondos europeos Next Generation, hoy disfrutan de una rehabilitación integral que respeta la identidad y urbanismo original del barrio.
En San Antón, sin embargo, se impuso la demolición como única vía, destruyendo dotaciones públicas, comercios de barrio, parques, el centro social, zonas de petanca y elementos históricos como el pino centenario. La trama urbana ha quedado desfigurada, y las nuevas construcciones han convertido el barrio en una sucesión de bloques impersonales que tapan la luz y la vida de lo que fue una comunidad histórica.
Cuesta entender el silencio de la corporación municipal y de sus numerosos asesores clientelares, ante las necesidades de los vecinos que continúan residiendo en edificios sin renovar y en condiciones claramente deficientes. Al mismo tiempo, se suceden plenos extraordinarios destinados a cuestiones de exhibición política que podrían abordarse en sesiones ordinarias. Esta falta de equilibrio en la gestión pública evidencia una desconexión política preocupante con la realidad del barrio.
Aun así, todavía hay una última oportunidad: el ejercicio 2026 puede permitir recuperar parte de los fondos europeos e iniciar un camino de rehabilitación responsable, comunitaria y justa. San Antón merece una verdadera regeneración, no más propaganda ni más abandono.