Crónica de una sustitución social



Este domingo, las calles del barrio de San Antón en Elche volverán a llenarse con el estruendo de la pólvora y el fervor de su tradicional romería. Pero bajo el humo de las carcasas y el olor a incienso se esconde una realidad que la propaganda institucional intenta tapar con cemento nuevo: San Antón no está siendo regenerado; está siendo sustituido. Lo que se vende como un proyecto de renovación urbana es, en realidad, un proceso de desmantelamiento social, un fracaso administrativo que ya supera las dos décadas y que hoy se manifiesta en forma de derribos, desalojos, amianto y silencio institucional.
Un barrio fracturado que celebra entre escombros
Las imágenes de la romería —cánticos, caballos, devoción— contrastan con las puertas tapiadas, los enseres sin recoger y los vecinos desplazados que no han sido escuchados ni reubicados dignamente. Las calles que antes celebraban unidas hoy están partidas: entre quienes ya viven en los nuevos bloques y quienes esperan, sin garantías ni fechas, que se cumpla lo prometido.
El derribo del Bloque 8, el desalojo de decenas de familias y el incumplimiento reiterado del plan urbanístico han convertido la fiesta en un recordatorio doloroso de un barrio que se deshace mientras se celebra.
Resumen: un barrio atrapado entre la ley y el abandono
La demolición selectiva que se está realizando en San Antón no es un capricho político, sino una obligación legal derivada de la normativa europea y española:
- Directivas europeas 2008/98/CE y 2018/851
- Real Decreto 105/2008 sobre residuos de construcción y demolición
- Real Decreto 396/2006 sobre amianto
- Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados
Estas normas obligan a:
- retirar amianto antes de cualquier derribo
- separar materiales pieza a pieza
- reciclar al menos el 70% de los residuos
- proteger el entorno y a los residentes
Pero lo que sí es responsabilidad política —y no legal— es la desinformación, la falta de acompañamiento, la ausencia de alternativas y el abandono de cientos de familias que viven este proceso sin explicaciones claras.
Una fiesta en medio del silencio institucional
Este domingo se repartirán bendiciones, pero no soluciones. La Junta de Gobierno ha anunciado la licitación de un nuevo edificio de 45 viviendas por 4,6 millones de euros. Una noticia presentada como un avance, pero que oculta una realidad incómoda: más de 700 familias siguen esperando.
El alcalde ha admitido que es “imposible” continuar con el plan sin financiación estatal. Esa frase es, en sí misma, el certificado de defunción de la ·actuacion defininida como «emblematica y ejemplar» por ser inusual, que una regeneración urbana de un barrio, «se acometa derribandolo en su totalidad y contruyendo otro nuevo sobre el», con un sistema de demolición total que ha demostrado ser lento, caro e incapaz de garantizar el derecho a la vivienda de los residentes.
El Bloque 8: ruina técnica, no ruina inminente
El desalojo del Bloque 8 se justificó con una declaración de ruina que hoy se revela como ruina técnica, no inminente. No había riesgo de colapso inmediato. Lo que sí había era un edificio deteriorado por la falta de mantenimiento municipal, obligación legal del Ayuntamiento mientras el PRI estuviera vigente.
Si no hay peligro de derrumbe, ¿por qué se impide a los vecinos recuperar sus enseres? ¿Por qué deben organizar patrullas ciudadanas para evitar robos? ¿Por qué se les expulsa por su seguridad, pero no se protege la seguridad de sus bienes?
La respuesta es tan simple como grave: porque reconocer la verdad implicaría asumir responsabilidades.
El “pecado” jurídico: ocultar el PRI
En los decretos de ruina del Bloque 8 se omite sistemáticamente que el edificio está afectado por un Plan de Reforma Interior. Esa omisión no es un error: es una estrategia.
Si se reconociera el PRI:
- el Ayuntamiento tendría obligación legal de mantenimiento
- no podría culpar al edificio de su deterioro
- debería asumir su responsabilidad en el abandono
- y no podría justificar el derribo como inevitable
La ruina del Bloque 8 no es fruto del tiempo: es fruto de la dejadez institucional.
Promesas para unos, olvido para otros
Los vecinos del Bloque 8 entregaron más de 1.200 firmas para recuperar sus pertenencias. La respuesta del alcalde fue desviar la atención comparando su situación con barrios ajenos al PRI. Una comparación absurda y ofensiva.
Mientras tanto, se mantiene una narrativa institucional que divide:
- una parte del barrio se exhibe como “éxito”
- la otra —la más vulnerable— se oculta bajo silencio y abandono
Entre el fervor y el abandono
La romería, símbolo de unidad durante décadas, hoy se vive con dolor. Muchos vecinos celebran con el alma partida, sabiendo que su barrio se deshace mientras ellos intentan mantener viva su identidad.
La regeneración prometida se ha convertido en un proceso de sustitución social: unos acceden a viviendas nuevas; otros deben malvender, marcharse o sobrevivir en edificios sin ascensor, sin mantenimiento y sin horizonte.
Manipulación, desinformación y abandono
El Ayuntamiento ha incumplido:
- el mantenimiento de los bloques
- la creación de la oficina ARRU
- la información sobre ayudas
- los realojos colectivos
- la protección del patrimonio vecinal
Y ha manipulado el decreto de ruina del Bloque 8 para eludir responsabilidades.
Las asociaciones críticas han sido apartadas. Las afines ocupan el espacio institucional. El barrio pierde voz mientras gana escombros.
Porfirio Pascual vs. San Antón: dos modelos, dos destinos
Porfirio Pascual eligió rehabilitar con fondos europeos Next Generation. San Antón fue obligado a demoler.
El resultado:
- Porfirio Pascual conserva identidad, urbanismo y comunidad
- San Antón pierde comercios, parques, historia y luz
- Porfirio Pascual avanza
- San Antón retrocede
Europa financia rehabilitación. San Antón recibió demolición.
2026: la última oportunidad
El ejercicio 2026 puede permitir recuperar fondos europeos y virar hacia un modelo de rehabilitación responsable, sostenible y comunitario. Europa prioriza el carbono embebido, la eficiencia energética y la conservación del patrimonio construido.
Seguir derribando es una política del siglo pasado. Seguir desinformando es una política indigna.
San Antón no necesita más propaganda. Necesita verdad, mantenimiento, derechos y un proyecto de barrio que no borre su historia.
Este domingo, cuando las autoridades bendigan a los animales en la Ermita, deberían preguntarse si están bendiciendo una regeneración… o si están oficiando el funeral de un barrio que, pese a todo, se niega a rendirse.