Cercanías, movilidad metropolitana y derecho a la vivienda

Hay un aspecto del debate ferroviario que suele quedar fuera y que, sin embargo, es central para entender su impacto social: la relación directa entre movilidad ferroviaria de cercanías y acceso a la vivienda. En un contexto de encarecimiento generalizado del suelo y de la vivienda en los grandes núcleos urbanos, la capacidad de desplazarse de forma rápida, frecuente y asequible entre ciudades y áreas metropolitanas se convierte en un factor decisivo de habitabilidad.

Un sistema sólido de Cercanías no solo mueve personas: amplía el territorio habitable real. Permite que vivir a 20, 30 o incluso 40 kilómetros del lugar de trabajo no suponga una penalización económica, temporal o vital. En los países europeos con redes metropolitanas potentes, el ferrocarril de cercanías actúa como un auténtico regulador del mercado de la vivienda, descongestionando los centros urbanos y repartiendo oportunidades residenciales, laborales y económicas en un radio mucho más amplio.

España ha ido en la dirección contraria. La desproporción histórica de inversión —con una relación aproximada de quince a uno a favor de la alta velocidad frente a las Cercanías— ha impedido el desarrollo de redes metropolitanas modernas, frecuentes y bien conectadas. El resultado es un modelo en el que la movilidad cotidiana sigue dependiendo en exceso del vehículo privado, mientras el acceso a la vivienda se concentra y encarece en los grandes núcleos urbanos.

Este desequilibrio tiene además una dimensión territorial clara. La apuesta por una red radial de alta velocidad, diseñada para comunicar todo el país con Madrid a velocidad de crucero, ha concentrado una parte muy significativa de la inversión directa e indirecta en el eje central del Estado. Mientras tanto, muchas áreas metropolitanas y corredores económicos periféricos han quedado infraatendidos en sus necesidades reales de movilidad diaria. No se trata de cuestionar la utilidad del AVE, sino de señalar que no puede sustituir a una red de cercanías bien mallada, ni resolver problemas que son esencialmente urbanos y metropolitanos.

Invertir en Cercanías es, por tanto, también una política de vivienda, de cohesión social y de equilibrio territorial. Cada euro destinado a mejorar frecuencias, fiabilidad y conexiones metropolitanas reduce presión sobre el mercado inmobiliario, mejora la calidad de vida y amplía las opciones reales de residencia. Un país avanzado no se define solo por la velocidad a la que conecta sus capitales, sino por la facilidad con la que sus ciudadanos pueden vivir, trabajar y desplazarse sin quedar atrapados por el coste de la vivienda o la dependencia del coche.

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