La iniciativa de plantear una pancarta única de las fuerzas progresistas y plurinacionales para el 1 de Mayo parte de una idea que, en lo simbólico, puede resultar atractiva: proyectar unidad en un momento marcado por debates cruciales sobre derechos laborales y acceso a la vivienda.
El diagnóstico que acompaña la propuesta también señala cuestiones reales: avances en empleo y estabilidad, pero también problemas estructurales persistentes como los bajos salarios, la precariedad juvenil, la dependencia de sectores débiles o la dificultad creciente para acceder a una vivienda digna. Son preocupaciones que conectan con nuestros miembros, amigos, votantes, simpatizantes y activistas progresistas.
Ahora bien, conviene no simplificar.
El problema de fondo no es la ausencia de una pancarta común, sino algo más profundo: la fragmentación real, la falta de confianza entre organizaciones y, sobre todo, la ausencia de procesos internos abiertos, participativos y transparentes que den coherencia al Proyecto País y a nuestros documentos organizativos y políticos.
En este sentido, las iniciativas impulsadas desde el ámbito estatal muestran un camino distinto: la articulación de fuerzas progresistas y plurinacionales desde abajo, con participación real y con un trabajo previo sólido. El ejemplo de Andalucía es ilustrativo: un paso al frente que nace de activar a miembros, amigos, votantes, simpatizantes y activistas progresistas antes de llegar a los procesos electorales. Ese es el modelo que demuestra que la unidad no se improvisa: se construye.
Por eso, cuando se apela a la “responsabilidad histórica” o a “caminar juntas con generosidad”, surge una pregunta inevitable: ¿esa generosidad y esa apertura se están aplicando también dentro de cada organización y en el despliegue territorial?
Porque sin participación real, sin asambleas territoriales, sin foros comunitarios y sectoriales, y sin una implantación viva en el territorio, la unidad hacia fuera corre el riesgo de convertirse en una escenificación. Y eso la ciudadanía lo percibe con claridad.
En un acto tan abierto y tan plural como el 1 de Mayo, resulta legítimo preguntarse si esta iniciativa tan cerrada cuenta ya con el respaldo previo de algunas de las fuerzas progresistas y plurinacionales implicadas. Si no es así, puede interpretarse como un movimiento arriesgado que no refleja la diversidad real del espacio ni la falta de vida orgánica en los territorios.
En definitiva:
- La pancarta única puede ser un buen mensaje.
- Pero la unidad real no se construye el 1 de Mayo: se construye antes, con participación, territorio y coherencia interna.
- Si no hay correspondencia entre lo que se proyecta y lo que se practica, el riesgo es evidente: que la ciudadanía vea más marketing político que proyecto compartido.