
La participación democrática pendiente
La regeneración democrática comienza abriendo las organizaciones a sus miembros, amigos y ciudadanía.
Por José Joaquín Belda Gonzálvez
MS: Del 15M al País (MS15)
Durante demasiado tiempo se ha repetido una idea que empieza a demostrar ser profundamente equivocada: que los jóvenes viven alejados de la política y que la desafección constituye el principal problema de las nuevas generaciones.
Sin embargo, los datos disponibles dibujan un panorama muy distinto.
El reciente informe «Desconexión y futuro: una juventud atrapada», elaborado por Ayuda en Acción, pone de manifiesto que la inmensa mayoría de los jóvenes no rechaza participar en los asuntos públicos. Muy al contrario. Reclama más espacios de participación, mayor capacidad de influencia sobre las decisiones y mejores instrumentos para intervenir en la construcción de las políticas que afectan directamente a su presente y a su futuro. Entre sus principales preocupaciones aparecen el acceso a la vivienda, el empleo digno, la salud mental, la educación y la posibilidad de desarrollar un proyecto de vida autónomo.
Paralelamente, las recientes encuestas del CIS sobre la calidad de la democracia reflejan una preocupación creciente por el funcionamiento de nuestras instituciones, la transparencia, la corrupción y la necesidad de mejorar los mecanismos de participación ciudadana.
Quizá, por tanto, estemos formulando mal el diagnóstico.
El problema no parece ser que la juventud haya abandonado la política.
El problema es que buena parte de la política todavía no ha sabido abrir espacios reales para que la juventud pueda participar de forma efectiva.
Participar no significa únicamente votar
Con demasiada frecuencia confundimos democracia con elecciones.
Pero la democracia comienza mucho antes de introducir una papeleta en una urna.
Empieza cuando la información circula con transparencia.
Cuando cualquier persona puede presentar propuestas.
Cuando existen espacios permanentes de deliberación.
Cuando los responsables públicos y orgánicos rinden cuentas periódicamente.
Cuando el pensamiento crítico deja de ser percibido como una amenaza y pasa a convertirse en un patrimonio colectivo de la organización.
La participación no consiste únicamente en ser escuchado.
Consiste en poder influir.
Ésa es la gran diferencia.
Una democracia de calidad no se limita a consultar a la ciudadanía.
La incorpora a la construcción de las soluciones.
La participación mejora las decisiones
A veces se presenta la participación como un ideal filosófico.
Es un error.
La participación constituye, sobre todo, un extraordinario sistema de inteligencia colectiva.
Cuantas más personas participan desde el conocimiento, la experiencia y el diálogo cívico, mayores posibilidades existen de encontrar mejores soluciones para problemas complejos.
La vivienda.
La sanidad.
La educación.
La inmigración.
La transición ecológica.
La economía.
La igualdad de oportunidades.
Ninguno de estos desafíos puede resolverse únicamente desde los despachos o desde pequeños círculos de decisión.
Las mejores respuestas nacen del contraste de ideas, del conocimiento compartido y de la deliberación abierta.
Por eso la democracia participativa no constituye un lujo.
Constituye un instrumento para gobernar mejor.
El reto de Movimiento Sumar
Movimiento Sumar nació precisamente con la voluntad de impulsar una forma diferente de hacer política.
Sus Estatutos, su Documento Organizativo y su Código Ético incorporan principios extraordinariamente avanzados: Proyecto País, comunidades temáticas, implantación territorial, pensamiento crítico, publicidad activa, transparencia, rendición de cuentas y participación democrática.
No estamos hablando de propuestas nuevas.
Ya forman parte de la identidad del proyecto.
El verdadero desafío consiste en convertir esos principios en una práctica cotidiana.
Porque una organización no se mide únicamente por los valores que proclama.
También por su capacidad para hacerlos realidad.
Aprender de la experiencia para no repetir los mismos errores
Durante las dos últimas décadas, numerosos movimientos ciudadanos y fuerzas progresistas despertaron enormes expectativas de regeneración democrática.
Muchos de ellos consiguieron trasladar importantes reivindicaciones sociales a las instituciones.
Pero también surgieron dinámicas internas que, con el paso del tiempo, fueron concentrando cada vez más las decisiones en ámbitos reducidos, debilitando los espacios de deliberación abierta y alejando progresivamente a muchas personas que habían participado con ilusión en aquellos proyectos.
Una parte de quienes vivimos intensamente el 15M contemplamos con preocupación esa evolución.
No porque cuestionemos la necesidad de que existan partidos políticos.
Sino porque el gran valor del 15M residía precisamente en su capacidad para actuar como un movimiento ciudadano abierto, transversal e independiente, capaz de fiscalizar democráticamente a cualquier organización política.
La mejor manera de honrar aquel legado no consiste en mirar hacia atrás con nostalgia.
Consiste en evitar que vuelvan a reproducirse dinámicas organizativas que terminen alejando a los miembros, a los amigos y a la ciudadanía de los espacios donde realmente se toman las decisiones.
Una oportunidad que todavía existe
Movimiento Sumar aún está a tiempo de demostrar que otra forma de hacer política sigue siendo posible.
Pero para ello será necesario dar un paso más.
Abrir de manera permanente la organización a la participación de sus miembros, de sus amigos y de la ciudadanía.
Desarrollar plenamente las comunidades temáticas.
Impulsar el Proyecto País.
Reforzar la implantación territorial.
Establecer mecanismos periódicos de rendición de cuentas.
Crear espacios estables de control democrático sobre la actuación de los cargos públicos y orgánicos.
Favorecer procesos internos transparentes, abiertos y con igualdad efectiva de oportunidades.
La regeneración democrática no puede limitarse a un conjunto de principios escritos en unos documentos.
Debe convertirse en una forma cotidiana de construir las decisiones colectivas.
Del debate a la corresponsabilidad democrática
La juventud no reclama únicamente empleo o vivienda.
Reclama formar parte de las soluciones.
Y probablemente ésa sea también la demanda de una parte creciente de nuestra sociedad.
La democracia del siglo XXI no necesita únicamente mejores representantes.
Necesita mejores mecanismos para que la ciudadanía participe, proponga, controle y contribuya de forma permanente a mejorar las decisiones públicas.
Ésa fue una de las grandes enseñanzas del 15M.
Y ésa puede seguir siendo hoy la mayor oportunidad de Movimiento Sumar.
No para convertirse en un partido más.
Sino para demostrar que la regeneración democrática empieza por abrir de verdad las puertas de la participación.