Movimiento Sumar: cuando las bases dejan de ser el centro del proyecto

Por José Joaquín Belda Gonzálvez
MS: Del 15M al País

Movimiento Sumar afronta su Asamblea en el momento más delicado desde su nacimiento. Lo hace tras meses de dimisiones, enfrentamientos públicos, cambios en la dirección y un deterioro evidente de la confianza interna. La cuestión ya no es quién ocupará los próximos cargos orgánicos. La cuestión es mucho más profunda: ¿puede un proyecto que nació para regenerar la democracia permitirse llegar a este punto sin abrir antes un verdadero proceso de regeneración interna?

Las discrepancias políticas no son el problema. Toda organización democrática las tiene. Lo verdaderamente preocupante es la forma en que se gestionan. Cuando los miembros conocen la evolución de su propia organización antes por los medios de comunicación que por los canales oficiales, algo esencial ha dejado de funcionar.

Durante semanas hemos asistido a un debate público intenso sobre la situación de Movimiento Sumar. Sin embargo, muchos miembros y amigos han echado en falta una información más completa, más directa y más transparente desde la propia organización. La consecuencia es una sensación creciente de distancia entre quienes toman las decisiones y quienes sostienen el proyecto en los territorios.

La democracia interna no consiste únicamente en convocar votaciones. Comienza mucho antes. Comienza cuando la información circula, cuando existe tiempo para deliberar, cuando cualquier persona puede presentar propuestas en igualdad de condiciones y cuando las bases perciben que su participación puede influir realmente en el rumbo de la organización.

Por ello, la situación actual exige una reflexión de mayor alcance. Quizá la respuesta no sea culminar cuanto antes el proceso asambleario, sino preguntarse si la mejor decisión para Movimiento Sumar sería suspender temporalmente el procedimiento, mantener provisionalmente a los actuales responsables en funciones y abrir un auténtico proceso de reconstrucción democrática.

No sería una señal de debilidad. Sería una demostración de fortaleza institucional.

Ese tiempo permitiría responder adecuadamente a los recursos e impugnaciones presentados, revisar aquellos procedimientos que hayan suscitado dudas sobre las garantías democráticas y ofrecer a toda la organización un espacio real para el debate, la deliberación y la construcción colectiva.

También permitiría algo todavía más importante: devolver el protagonismo a las bases.

Movimiento Sumar nació para ampliar la participación política de la ciudadanía. Sin embargo, ninguna organización puede cumplir ese objetivo si la participación efectiva de sus propios miembros queda limitada a los momentos finales de ratificación de decisiones ya muy avanzadas. La democracia participativa exige continuidad, no episodios puntuales.

La salida de esta crisis no debería consistir únicamente en elegir una nueva dirección. Debería consistir en inaugurar una nueva cultura organizativa.

Una cultura basada en la transparencia.

En la rendición de cuentas.

En la información permanente.

En las comunidades temáticas abiertas.

En la participación continuada de miembros y amigos.

En asambleas territoriales con capacidad real de iniciativa.

En primarias abiertas y competitivas que permitan el nacimiento de nuevos liderazgos desde la base.

En definitiva, en una Democracia Participativa Permanente.

Las organizaciones políticas no se fortalecen ocultando sus discrepancias. Se fortalecen afrontándolas con madurez democrática. La unidad no puede construirse sobre el silencio, sino sobre la confianza. Y la confianza solo puede recuperarse cuando quienes forman parte del proyecto sienten que son escuchados, respetados e informados.

Todavía estamos a tiempo.

La Asamblea puede convertirse en el cierre apresurado de una crisis o en el comienzo de una verdadera regeneración democrática. La diferencia entre ambas opciones dependerá de la voluntad de abrir la organización a sus bases, de escuchar las críticas formuladas con lealtad al proyecto y de comprender que la inteligencia colectiva de miles de personas constituye el mayor patrimonio político de Movimiento Sumar.

Porque las direcciones cambian. Los cargos pasan. Pero una organización solo tiene futuro cuando quienes la integran vuelven a creer que su voz importa.

Ese es hoy el verdadero desafío de Movimiento Sumar. Y también su mayor oportunidad.

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