DEMOCRACIA PARTICIPATIVA

La gran reforma democrática pendiente

Los partidos políticos del siglo XXI necesitan evolucionar hacia una democracia más abierta, transparente y participativa

Durante las últimas décadas, la sociedad española ha reclamado con razón una mejora de la calidad democrática. Se exige más transparencia a las administraciones, mayor control sobre las instituciones, una lucha decidida contra la corrupción y una participación ciudadana más activa en la vida pública.

Sin embargo, existe una cuestión que apenas ocupa espacio en el debate político y que, probablemente, constituye una de las grandes reformas pendientes de nuestra democracia: el funcionamiento interno de los propios partidos políticos.

La Constitución les atribuye una función esencial como instrumentos de participación política y como cauce de expresión del pluralismo. No son simples organizaciones privadas. Son instituciones imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema democrático.

Precisamente por ello, resulta legítimo preguntarse si los partidos están desarrollando plenamente los principios democráticos que ellos mismos defienden para el conjunto de la sociedad.

En la mayoría de las organizaciones políticas encontramos excelentes Estatutos, Códigos Éticos y documentos organizativos. Sobre el papel, la participación, la transparencia, el pluralismo, la igualdad de oportunidades y la rendición de cuentas ocupan un lugar central.

El verdadero desafío comienza cuando esos principios deben aplicarse en la práctica cotidiana.

Con demasiada frecuencia, la participación termina concentrándose en momentos muy concretos del calendario interno, mientras que la elaboración de las decisiones estratégicas, el desarrollo territorial, el debate político o la evaluación de los responsables orgánicos quedan excesivamente condicionados por dinámicas internas que reducen la implicación de quienes sostienen diariamente la organización.

Esta realidad no afecta únicamente a una formación política.

Con mayor o menor intensidad, constituye uno de los grandes desafíos del conjunto del sistema democrático español.

Por ello creemos que ha llegado el momento de abrir un debate sereno sobre la actualización de nuestra cultura organizativa y, probablemente, también sobre el propio marco regulador de los partidos políticos.

No para limitar su autonomía.

Sino para fortalecer su legitimidad democrática.

La participación permanente de los miembros y amigos, la transparencia organizativa, la publicidad de determinados procedimientos, la igualdad de oportunidades, la rendición periódica de cuentas y la existencia de mecanismos eficaces de garantía deberían formar parte del funcionamiento ordinario de cualquier organización política que aspire a representar a la ciudadanía.

La democracia no puede reducirse a votar periódicamente.

La participación democrática tampoco puede limitarse a los procesos electorales internos.

Las nuevas tecnologías permiten hoy algo que hace apenas unas décadas era impensable: mantener un diálogo permanente entre la organización y quienes la integran, aprovechar el conocimiento colectivo, incorporar experiencias profesionales muy diversas y construir políticas públicas mediante procesos abiertos de deliberación.

Desaprovechar esa inteligencia colectiva supone renunciar a uno de los mayores activos de cualquier organización democrática.

Esta reflexión nace de la experiencia vivida recientemente por un grupo de miembros y amigos de Movimiento Sumar durante su proceso asambleario.

Sin embargo, el objetivo de este artículo no consiste en analizar un caso concreto, sino en plantear una cuestión mucho más amplia.

¿Qué modelo de partido necesita la democracia española del siglo XXI?

Desde esa reflexión hemos comenzado a impulsar MS: Del País al 15M – Laboratorio de Estudios, Ideas y Participación Democrática.

No nace como una corriente interna.

Ni como un instrumento para disputar responsabilidades orgánicas.

Pretende convertirse en un espacio abierto de estudio, investigación y elaboración de propuestas que contribuya a desarrollar una democracia participativa permanente y un Proyecto País construido desde el conocimiento compartido y la participación activa de los miembros y amigos.

Creemos que la mejor crítica siempre es una propuesta.

Y creemos también que la confianza ciudadana no se recuperará únicamente mediante nuevos discursos.

Se recuperará cuando las organizaciones políticas sean capaces de aplicar dentro de sí mismas los mismos principios democráticos que defienden para el conjunto de la sociedad.

Porque la calidad democrática de un país comienza mucho antes de unas elecciones.

Comienza allí donde nacen las ideas, se construyen las propuestas y se toman las decisiones.

En definitiva, comienza dentro de las propias organizaciones políticas.

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