La democracia empieza dentro de los partidos

Del 15M al Proyecto País: una oportunidad para fortalecer la democracia participativa

Durante décadas hemos exigido una democracia de mayor calidad para nuestras instituciones. Hemos reclamado transparencia, participación ciudadana, rendición de cuentas y un mayor control democrático sobre quienes ejercen responsabilidades públicas. Sin embargo, existe una cuestión que continúa ocupando un lugar demasiado secundario en el debate político: la calidad democrática de los propios partidos.

La Constitución reconoce a los partidos políticos una función esencial como instrumentos de participación política. No son simples organizaciones privadas; desempeñan una responsabilidad pública de enorme trascendencia para el funcionamiento de nuestro sistema democrático. Precisamente por ello, resulta legítimo preguntarse si sus mecanismos internos de participación, deliberación, transparencia y control están hoy a la altura de esa responsabilidad.

Nuestra experiencia reciente en Movimiento Sumar, que ha dado lugar a la presentación de un recurso durante el proceso asambleario, constituye únicamente el punto de partida de esta reflexión. El verdadero debate trasciende ampliamente a una organización concreta. Afecta al conjunto del sistema político español.

Con demasiada frecuencia, los partidos aprueban estatutos, códigos éticos y documentos organizativos que contienen principios avanzados de participación, pluralismo, igualdad, transparencia o rendición de cuentas. Sin embargo, el verdadero desafío comienza cuando esos principios deben hacerse efectivos en el funcionamiento cotidiano de la organización.

La distancia entre los documentos aprobados y la práctica diaria constituye una de las principales causas de la creciente desafección política.

No basta con reconocer la participación como un valor.

Es necesario crear procedimientos que la hagan posible.

No basta con proclamar la transparencia.

Hay que convertirla en una práctica cotidiana.

No basta con defender el pluralismo.

Es imprescindible garantizar que todas las personas puedan participar en igualdad de condiciones y que las distintas sensibilidades encuentren espacios reales de deliberación.

Éste no es un problema exclusivo de una organización política. Probablemente afecta, con mayor o menor intensidad, a buena parte de los partidos españoles.

La paradoja resulta evidente. Quienes aspiran legítimamente a gobernar las instituciones democráticas deberían ser también un ejemplo de democracia en su propio funcionamiento interno.

Por ello creemos que ha llegado el momento de abrir un debate sereno sobre la propia Ley Orgánica de Partidos.

Quizá haya llegado la hora de preguntarnos si el marco jurídico vigente ofrece garantías suficientes para promover una democracia interna efectiva o si conviene avanzar hacia una regulación que refuerce aspectos como la transparencia organizativa, la participación permanente de los miembros y amigos, la igualdad de oportunidades en los procesos internos, la publicidad de determinados procedimientos, la rendición periódica de cuentas y la existencia de mecanismos de garantía verdaderamente eficaces.

No se trata de limitar la autonomía de los partidos.

Se trata de reforzar la confianza ciudadana en las organizaciones que constituyen uno de los pilares fundamentales de nuestra democracia.

La democracia no termina cuando concluyen unas elecciones internas.

Empieza precisamente entonces.

Empieza cuando quienes asumen responsabilidades aceptan explicar sus decisiones, escuchar a los miembros y amigos de la organización, fomentar el debate y rendir cuentas de su gestión.

Con esa convicción hemos impulsado MS: Del País al 15M – Laboratorio de Estudios, Ideas y Participación Democrática.

No nace como una corriente interna ni como una plataforma para disputar espacios de poder.

Nace como un espacio de estudio, reflexión, investigación y elaboración de propuestas que pretende contribuir al desarrollo efectivo de los principios recogidos en los Estatutos, el Código Ético, los Documentos Organizativos y el Proyecto País.

Nuestro propósito es sencillo.

Pensar antes de opinar.

Debatir antes de decidir.

Proponer antes que descalificar.

Participar antes que resignarse.

Creemos que la regeneración democrática no consiste únicamente en cambiar gobiernos.

Consiste también en transformar la cultura organizativa de los partidos políticos para que la participación ciudadana deje de ser un eslogan y se convierta en una realidad cotidiana.

No aspiramos a tener la última palabra.

Aspiramos a abrir una conversación.

Una conversación que permita construir organizaciones más abiertas, más transparentes, más participativas y más coherentes con los valores que proclaman.

La confianza ciudadana no se recuperará con nuevos lemas.

Se recuperará cuando los partidos sean capaces de aplicar dentro de sus propias organizaciones los mismos principios democráticos que defienden para el conjunto de la sociedad.

Porque la democracia no empieza en las instituciones.

La democracia empieza dentro de los partidos.

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