
Durante décadas hemos reclamado una democracia de mayor calidad para nuestras instituciones. Hemos exigido transparencia a las administraciones, controles sobre el poder, participación ciudadana y rendición de cuentas. Sin embargo, existe una cuestión que sigue ocupando un lugar demasiado secundario en el debate público: la calidad democrática de los propios partidos políticos.
La Constitución les atribuye una función esencial como instrumentos de participación política. No son asociaciones privadas cualquiera. Son piezas fundamentales del sistema democrático. Precisamente por eso resulta legítimo preguntarse si los mecanismos de participación, deliberación, transparencia y control interno están hoy a la altura de esa responsabilidad.
Nuestra experiencia reciente en Movimiento Sumar, que ha dado lugar a la presentación de un recurso durante el proceso asambleario, constituye el punto de partida de esta reflexión, pero no su destino. El verdadero problema trasciende ampliamente a una organización concreta. Afecta al conjunto del sistema político.
Con demasiada frecuencia, los partidos aprueban estatutos y códigos éticos que contienen principios avanzados de participación, pluralismo, igualdad, transparencia o rendición de cuentas. Sin embargo, el desafío comienza cuando esos principios deben trasladarse al funcionamiento cotidiano de la organización.
La distancia entre los documentos aprobados y la práctica diaria constituye uno de los principales factores de desafección política.
No basta con reconocer la participación como un valor. Es necesario crear procedimientos que la hagan posible.
No basta con proclamar la transparencia. Hay que convertirla en una práctica habitual.
No basta con defender la deliberación. Es imprescindible garantizar espacios donde las ideas puedan debatirse en condiciones de igualdad y respeto.
Esta reflexión no pretende desacreditar a los partidos políticos. Todo lo contrario. Pretende fortalecerlos.
Las democracias necesitan partidos fuertes, pero también abiertos, permeables al conocimiento de sus miembros y amigos, capaces de aprender de la crítica y de incorporar la inteligencia colectiva a la elaboración de sus propuestas.
Por ello creemos que ha llegado el momento de abrir un debate sereno sobre la propia Ley Orgánica de Partidos.
Quizá haya llegado la hora de preguntarnos si el marco legal actual ofrece suficientes garantías para promover una democracia interna efectiva o si conviene avanzar hacia una regulación que refuerce aspectos como la transparencia organizativa, la participación permanente, la igualdad de oportunidades en los procesos internos, la publicidad de determinados procedimientos, la rendición periódica de cuentas y la existencia de mecanismos de garantía verdaderamente eficaces.
No se trata de que el Estado dirija la vida interna de los partidos.
Se trata de asegurar que las organizaciones que aspiran a gobernar las instituciones democráticas sean también un ejemplo de buenas prácticas democráticas.
La democracia no termina cuando se celebran unas elecciones internas ni cuando se designan unas candidaturas.
Empieza precisamente ahí.
Empieza cuando quienes asumen responsabilidades aceptan explicar sus decisiones, escuchar a los miembros y amigos de la organización, favorecer el debate y rendir cuentas de su gestión.
Desde esa convicción hemos impulsado MS: Del País al 15M – Laboratorio de Estudios, Ideas y Participación Democrática.
No nace como una corriente interna ni como una plataforma de poder.
Nace como un espacio de estudio, reflexión y elaboración de propuestas para contribuir al desarrollo efectivo de los principios recogidos en los Estatutos, el Código Ético, los Documentos Organizativos y el Proyecto País de Movimiento Sumar.
Creemos que esta reflexión puede resultar útil mucho más allá de una organización concreta.
Porque la regeneración democrática de nuestro país no dependerá únicamente de nuevas leyes o de nuevos gobiernos.
Dependerá también de que los propios partidos políticos sean capaces de aplicar, dentro de sus organizaciones, los mismos principios democráticos que defienden para el conjunto de la sociedad.
La confianza ciudadana no se recuperará con más eslóganes.
Se recuperará con más participación, más transparencia, más coherencia y una auténtica cultura de rendición de cuentas.
La democracia empieza dentro de los partidos. Y fortalecer esa democracia es una responsabilidad compartida que ya no admite más demora.