El análisis retrospectivo de la última década confirma uno de los temores éticos más profundos formulados por los impulsores originarios de la plataforma Democracia Real Ya (DRY): el riesgo de que la genuina indignación civil fuera instrumentalizada por liderazgos diestros en la comunicación y en la psicología de masas [newpol.org, es.wikipedia.org].
Los acontecimientos demostraron que tanto el núcleo dirigente de Pablo Iglesias en el espectro de la izquierda como el de Albert Rivera en el centro político supieron capitalizar el descontento social generado tras el crac de 2008 [newpol.org, es.wikipedia.org]. Sin embargo, el proceso de consolidación institucional se ejecutó apartando las premisas de horizontalidad y desplazando a los verdaderos ideólogos y propulsores que pusieron el cuerpo en las plazas. Como se ha resaltado, la inmensa mayoría de los fundadores civiles de DRY declinaron participar en el asalto directo a las estructuras de los partidos, manteniendo su compromiso ético extramuros del Estado [newpol.org].
1. Ciudadanos y la involución de la alternativa liberal-socialdemócrata
En el escenario posterior a 2011, Ciudadanos emergió como la fuerza llamada a aglutinar a un sector sociológico determinante: la clase media, los profesionales liberales, los autónomos y los pequeños emprendedores. En sus inicios de expansión nacional, la formación se estructuró sobre una base conceptual mixta que unía el liberalismo progresista y la socialdemocracia clásica, diseñando propuestas orientadas a la desburocratización y a la flexibilidad del tejido productivo menor.
El colapso de esta alternativa respondió a una decisión estratégica de su cúpula directiva que alteró su propia naturaleza ideológica:
- La mutación estatutaria: La dirección del partido impulsó una reforma de sus estatutos para eliminar explícitamente la corriente socialdemócrata de su ideario, arrinconando a los sectores más moderados e intelectuales que defendían un equilibrio entre eficiencia de mercado y protección social.
- El alejamiento del liberalismo ético: Al clausurar esa vía, el proyecto renunció a la tradición del liberalismo reformista español que en su día encarnaron figuras como Joaquín Garrigues Walker, Enrique Fuentes Quintana o Enrique Lasuén; un modelo que concebía la libertad económica supeditada a controles públicos de carácter social y distributivo. Al deslizarse hacia una lógica de confrontación de bloques y polarización mediática, la formación se desintegró, dejando desamparado al segmento de las clases medias.
2. El precedente de la UCD y el diseño bipartidista
La experiencia de la Transición ofrece un espejo imprescindible para comprender este patrón de asimilación: la Unión de Centro Democrático (UCD). La UCD constituyó el único precedente capaz de aglutinar en una estructura plural a familias diversas —liberales, demócrata-cristianos, conservadores y socialdemócratas— bajo el objetivo común de redactar el pacto constitucional.
Sin embargo, una fuerza caracterizada por intensos debates de corrientes internas resultaba compleja de gestionar para los poderes fácticos tradicionales (la alta banca, los sectores heredados de la estructura preconstitucional y los imperativos macroeconómicos internacionales). El diseño del nuevo orden requería un modelo predecible, disciplinado y bipartidista para estabilizar el país. Ante el desgaste interno de la UCD, se produjo una retirada del soporte financiero y mediático que aceleró su disolución, activando el recambio a través del socialismo renovado en el Congreso de Suresnes